Sesgo del fundador

Sesgo del fundador

Muchos empresarios no fracasan por falta de talento ni de trabajo. Fracasan porque no saben soltar.

Se aferran a una idea inicial como un náufrago a una tabla, aunque esa tabla ya esté llena de grietas. Lo que empezó como visión se convierte en dogma, y lo que debía adaptarse al mercado se transforma en una trampa mental.

Este fenómeno tiene nombre: sesgo del fundador. Es el apego emocional a la primera versión del negocio. Cuesta cuestionarla, incluso cuando los datos dicen lo contrario. ¿El resultado? Decisiones tomadas con el corazón, no con la cabeza.

Cambiar de rumbo no es rendirse. Es leer la realidad con objetividad. Como dijo Keynes: “Cuando los hechos cambian, yo cambio de opinión. ¿Usted qué hace?”.

Saber soltar no es debilidad, es madurez empresarial. Implica tener procesos de revisión, feedback externo y disposición a abandonar lo que ya no funciona, aunque haya costado esfuerzo.

Las herramientas actuales permiten analizar con más claridad qué parte del negocio funciona y cuál es puro deseo sin validación. Tener acceso a datos, modelos y diagnósticos en tiempo real evita decisiones ciegas.

El mejor empresario no es el más brillante, sino el que está dispuesto a matar sus ideas cuando dejan de tener sentido.

Todos necesitamos Un plan

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