
El día que el fundador se va, el negocio se pone a prueba
La sucesión no solamente es un tema para grandes corporaciones. En una PYME, también puede convertirse en una crisis innecesaria.
Pensemos en el caso de Inditex. Amancio Ortega dejó la dirección mucho antes de retirarse. Formó a un equipo profesional, cedió decisiones, y preparó el traspaso a su hija Marta sin improvisación. Aunque hablemos de otra escala, el principio aplica igual: la sucesión no es un momento, es un proceso. Y cuanto antes se empiece, más fuerte será la empresa.
En los pequeños negocios, donde muchas veces el fundador es también el comercial, el financiero y el estratega, la dependencia es aún mayor. Si esa persona desaparece de un día para otro, todo se paraliza: clientes desatendidos, decisiones bloqueadas, equipos sin dirección. No hay plan B. Por eso, la pregunta clave no es “cuándo te vas”, sino “qué pasa si estás enfermo un mes”. Si la respuesta es difusa, el riesgo es real.
Preparar la sucesión significa formar a otros, delegar decisiones, documentar procesos críticos y, sobre todo, dejar de ser imprescindible. No es fácil, pero es una señal de madurez empresarial.
Puedes empezar por algo sencillo: identificar qué cosas solo tú sabes hacer y a quién las delegarías. Ver si haría falta más personal, quién podría hacer la formación y cuánto tiempo llevaría. Anota esos procesos, estandarízalos en una guía sencilla y ponlos a prueba con simulacros. Si algo falla sin ti, aún no está listo. Pero si funciona sin que intervengas, estás construyendo una empresa de verdad, no una autoempleo.
No hace falta tener una empresa gigante para pensar como una grande.
Todos necesitamos un Plan