
Cerrar no es fracasar
Cerrar un proyecto no tiene por qué ser un fracaso. Fracaso es insistir cuando ya sabes que no tiene sentido.
Muchos negocios mueren lentamente por el miedo de dar paso a otros. Se alargan decisiones, se ignoran los datos y se confía en que “la próxima campaña” lo arreglará todo. Es una mezcla de orgullo, apego y miedo al qué dirán.
Tomar decisiones racionales implica aceptar pérdidas antes de que se agraven. Es como cortar una rama podrida para salvar el árbol. Y sin embargo, solemos actuar como si mantener una idea sin futuro fuera un acto de valentía.
Los empresarios listos saben que abandonar a tiempo puede ser el movimiento más estratégico. No por rendición, sino por enfoque. Cada proyecto zombi ocupa espacio, energía y recursos que podrían estar en otra parte.
Hay criterios claros para decidir: validación del problema, viabilidad económica, encaje con tus capacidades. Si dos o más de estos pilares fallan de forma persistente, es hora de revaluar.
Saber cuándo es una habilidad crítica. Te permite iterar, redirigir y aprender más rápido. En lugar de aferrarte a un cadáver, vuelves al tablero con más lucidez.
Todos necesitamos un Plan.